lunes, 16 de noviembre de 2015

Santísima Trivialidad: de cómo tiré a chancla y la volví a levantar (para mi desgracia)

"Chancla que yo tiro no la vuelvo a levantar!" Ni siquiera la volteo a ver. La confundo con basura en el camino, y la pateo con descarado desdén. Pero si un día te encuentro de casualidad, y en la oscuridad de mis pensamientos, y en el ir y venir de muchos tragos yo me dejo llevar, sabe que las cosas que uno dice son tan pesadas como el algodón. Es la última mierda que sale tras el laxante. Y si mis labios necios no te quieren soltar, no te dejes engañar, ya escuchaste a Monsiváis, así es la magia de la falta de opciones. Aprovéchalo, porque será lo último que obtendrás de mí.
Construí un proyecto de amor sincero, pero las moscas se lo comieron.

jueves, 29 de octubre de 2015

Narnia

May your rose be The rose
May the moon light your path
May the friends never go
May the love someday come back

May the clouds not be big enough 
To hide the beauty of the night
May the city not be too blinding
So we forget to see the sky 

Why did you let the glass be empty?
Why did you let the beer get warm? 
Tell me now why we are leaving 
The precious road that we have walked. 

May the love fill our thinkings
May the laughs be our clothes 
May the freedom leave us breathless
May the fear not rot our souls. 

sábado, 3 de octubre de 2015

La mariposa y el puercoespín

Había una mariposa que vivía entre las bugambilias. La mariposa sólo salía de noche. Le gustaba la cebada y el metal. Aunque era una mariposa negra, tenía el alma más blanca y el corazón más noble de la pradera. Era el mejor amigo que alguien pudiera tener. Un día, la mariposa se pasó de cebada, y se quedó profundamente dormida. Cuando despertó, desorientada comenzó a andar, preguntando dónde estaba. Sin tener la vista clara, se movía entre las bugambilias esperando recobrar el sentido. Cuando intentó retomar el vuelo para regresar a casa, su ala izquierda tocó una espina y un agudo dolor invadió a la mariposa. Volvió a caer al suelo, y las bugambilias se acercaron a auxiliarlo. Esta vez despertó rápido, pero al abrir los ojos no podía creer lo que veía. Una majestuosa rosa. Embelesado por la belleza de la rosa, se levantó de inmediato, olvidando el dolor, y recordando que "cada rosa tiene su espina". Hermosa pero amargada, la rosa no conocía el amor, y era dura como una roca. Aún así, la negra mariposa hizo todo por su rosa: la alimentó y le dio de beber, le enseñó a sonreír y a sobrevivir en medio de tempestades. La orgullosa rosa, quien más bien olía a manzanilla, comenzó a sonreír de nuevo. El verano terminó, y el otoño trajo vientos muy fríos. Un día, un fuerte viento azotó los prados, y la mariposa voló pronto a proteger a su rosa. Pero el viento era tan fuerte que la azotó contra el tronco de un árbol. Aunque le dolió, el golpe hizo que la espina se saliera de su ala, y el dolor que causaba la espina había desaparecido también. Llena de alegría, la mariposa voló con fuerza para contárselo a su rosa. Pero al llegar a donde debía estar plantada, en medio de las bugambilias, se dio cuenta de que no había ninguna rosa, sólo un feo puercoespín adicto a la manzanilla. La mariposa se dio cuenta de que el dolor la había hecho ver cosas que no eran. Pero el corazón de la mariposa negra era tan grande, que no le importó. Migraría con el puercoespín a un lugar más cálido, mientras pasaba el invierno. Pero el puercoespín no aceptó. En el primer movimiento que hicieran juntos, la mariposa saldría lastimada, porque ésa es la naturaleza de los puercoespines. A pesar de todo, el puercoespín había dejado atrás su amargura y se sentía hermoso, gracias a las palabras y los cuidados que la mariposa le daba. Llegó el tiempo de migrar, y ambos tomaron caminos separados. Pero desde ese día, el feo puercoespín ahora tenía el alma bella como una rosa, y nunca olvidará a la mariposa que lo hizo sentir especial. Por su parte, la mariposa negra voló con sus amigos, y en el camino conoció a una hermosa mariposa Monarca que lo extasió con sus alas y lo hizo feliz por el resto de sus vidas. 

sábado, 29 de agosto de 2015

El País de los Abuelos

Voy caminando por la vida, con la batería dándome las últimas, cuando de repente me encuentro una rosa de papel con una invitación adentro. "Te estamos esperando en El país de los Abuelos". Una nave de colores llega por mí y me lleva en cuestión de segundos a ese lugar. Al bajar de la nave, una ola de felicidad me inunda de repente. Qué lugar tan extravagante. Los abuelos que han dejado la tierra se encuentran aquí. Pero aquí no hay límites territoriales ni tiempos, y todos son libres de ser y de hacer lo que quieren, y no hay dolores. Abuelo Chuy?! Eres tú? Justo como te imaginé, algo zafado y lleno de ingenio, y un enorme corazón. Tienes facha de Don Quijote! Un viejo romanticón y soñador. Vamos, abuelo! Vamos a vender tus frutas y verduras por la calle. Yo llevo la carreta y tú gritas "Tomate, chile verde! Naranja dulce y plátano. A siete el kilo de plátano!" Enséñame a hacer cacahuates garapiñados, y helado, y calaveritas miniatura. Estás bien loco, me encanta andar contigo y escucharte decir "Campo?! Será el campo de aviación!" Vamos con la abuela, quiero admirar cómo se pasa horas sentada en el suelo, haciendo sus famosas flores de papel con tanta maestría. Con cuánta gracia y habilidad manejas tus instrumentos y creas belleza con tus manos, abuela. Pero qué hermosa música. Es la banda de mi abuelo Nayo! Qué alegría sentí de repente. Y ese noble señor de ojos verdes que viene tocando el trombón y saca notas de colores a su paso es mi abuelo. Eres hermoso como en las fotos, abuelito. Y mi oído ya se está acostumbrando al amor. Llama a mi abuela Margarita con una canción y cuéntenme juntos historias del pueblo. Margarita, Margarita. Qué preciosa sonrisa ilumina tu rostro, abuelita. Y esa ollota de comida? Tú siempre tan generosa. Quisiera que este día no se acabara nunca, y aprender de ti todo lo que no aprendí mientras pude hacerlo. Sentémonos en la hamaca, y déjame acariciar tu carita y tus ojitos. Se ha armado una fiesta al ritmo de la banda.Pronto se juntan más y más abuelos a convivir; los abuelos de mis abuelos, y sus bisabuelos, y sus tatarabuelos. Cuánto hay por escuchar! Mientras mi abuela Margarita me trenza el cabello y me pone sus listones descubro con la vista la casa de mis abuelos de San Luis. Me acerco, y dentro de la casa todo ha vuelto a la normalidad; ahí están otra vez las figuritas en la vitrina, y los adornitos de metal en el librero, y el estudio con la silla roja y el globo terráqueo. Déjenme olerlos, abuelitos. Traen en su ropa el aroma que está siempre conmigo cuando los recuerdo desde mi tierra. Qué delicioso mole verde, abuela Rosita. Vamos con todos los demás abuelos; llevemos las enchiladas, y las carnitas, y los licuados exóticos de mi abuelo y los tacos de lechuga. Me muero por que me cuentes cómo fue mi papá de chiquito, abuelita, con tu voz ronca y tus palabras llenas de cariño. Abuelo, tengo tantas y tantas preguntas que hacerte! Quisiera meterte en una cajita y llevarte conmigo para que me jales los pelos cuando se me acabe la voluntad. Es momento de partir. Con mucha tristeza pero llena de amor dejo esa tierra extravagante, inverosímil, llena de colores y sabores y olores y sensaciones y sonidos y personas mágicas.
Cuando pienso en mis abuelos siento que debí haber nacido antes, pero también me lleno de magia que me sube las pilas para seguir adelante. Me inspiran fuerza, coraje, voluntad, sacrificio, trabajo, amor y fe. Me gusta pensar que me están viendo, y quiero hacerlos sentir orgullosos. Como dijo el señor Lincoln, "Yo no sé quien fue mi abuelo; me importa mucho más saber quien será su nieto". Espero no decepcionarlos, abuelos. Si llegué tarde a esta vida, buscaré que valga la pena. Gracias por haber sido lo que fueron. 

jueves, 8 de enero de 2015

Cucharaditas

Te quise comer a cucharaditas, pero no te dejaste. Quise que como dos gotas diáfanas nos juntáramos en una, pero te escurriste por ahí. Y te acabaste de volón el bocado, y te fuiste por la rendija. Quise llamarte en la oscuridad de la noche y sentir que estábamos en el mismo vagón, atravesando colinas y dejando atrás este pueblo, para adentrarnos en paisajes desconocidos, pantanos y praderas, valles y colinas, llenos de animales feroces y amigables, personajes groseros y amables, ambientes negros y blancos, lugares cotidianos y fantásticos. Que compartíamos el mapa señalado con lugares a los que llegar de la mano, buscando aventuras y creciendo juntos. Pero no estabas. Salí de mi vagón, y te busqué por los pasillos del tren. Pero habías desaparecido. ´"¿Me querrá dar una sorpresa? ¿Me estará buscando también? ¡¿Y si se cayó por la ventana mientras dormía?! ¡Bájeme, señor conductor! Debo encontrarlo". "No, niña, no te está buscando, desapareció por cuenta propia, pero no dejó razón" "Oh, por Dios. ¿Con quién me aventuraré por el mundo? ¿Con quién aprenderé a distinguir a las ballenas y a amarrar a las estrellas para conocer constelaciones? ¿Con quién renaceré al aroma de la hierba y con quién desnudaré mi alma?" Seguí en el vagón. Me prometieron un destino dichoso. Voy atravesando colinas, dejando atrás este pueblo, y me adentro en paisajes desconocidos, pantanos y praderas, valles y colinas, llenos de animales feroces y amigables, personajes groseros y amables, ambientes negros y blancos, lugares cotidianos y fantásticos, pero no estás. ¿Qué es todo si el asiento de al lado está vacío? Guardo una libreta y anoto en ella todo lo que veo. Todos los paisajes que me deslumbran y los aires que rozan mi rostro; estoy acumulando historias, porque una parte de mí me dice que en algún lado alcanzarás el tren en tu caballo, y te aventarás hacia él, y retomaremos juntos la travesía. Quise comerte a cucharaditas, para que nunca te acabaras, pero tú me quisiste comer de un bocado.

Oficina Rosa

Y es así como sé que me hizo falta mi respectiva dosis de maestro Mauro en mi semana. Sé que a mi alma y a mis oídos y a mi voz les hizo falta esa hermosura de esencia y voz y atención que ese ente, en esa oficina rosa, me brinda.


25-oct-14

16 de noviembre

Me llevaron a conocer el universo. Aparecí de repente ante nubes de gas y galaxias sensualmente ordenadas. Entré en agujeros negros y sospeché lo relativo del tiempo. Descubrí la ecuación de la gravedad y me empapé de polvo estelar. Sentí la vida en el aire, en la tierra y en el mar, y en generaciones del pasado. Y descubrí lo que pasa tras bambalinas, y me hice sumisa a las interacciones microscópicas. Y conocí la voracidad de los volcanes, las matemáticas amablemente vestidas de flores y la geométrica fortaleza de las telarañas. La naturaleza pestañeó y morí. Y una estrella me dijo vanidosa que el tiempo que se me dio fue una diezmillonésima parte del que se le dio a ella, y que aún después de colapsar seguirá brillando, mientras generaciones aquí abajo nacen y se mueren. Y, cual ínfimo y miserable trozo de materia, necesité muchas vidas para darle una miradita a lo que es. Los agentes de la electricidad, y las olas de los vientos y de los mares, y todos los fenómenos que humildes cumplen su labor. Y me sentí estúpida e inmensamente ignorante. Y todos los sentimientos ególatras y soberbios llegaron a ser estrujados y echados a la basura. Y no sentí más que la amable y dulce resignación de quien se asume devoto de la búsqueda perpetua. Y entonces di por hecho que el mundo inmediato, el de las sociedades, el de los hombres y sus interacciones es mucho más sencillo... qué equivocación.

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Ser ingeniero industrial es ser todo lo que yo no soy.