Te quise comer a cucharaditas, pero no te dejaste. Quise que como dos gotas diáfanas nos juntáramos en una, pero te escurriste por ahí. Y te acabaste de volón el bocado, y te fuiste por la rendija. Quise llamarte en la oscuridad de la noche y sentir que estábamos en el mismo vagón, atravesando colinas y dejando atrás este pueblo, para adentrarnos en paisajes desconocidos, pantanos y praderas, valles y colinas, llenos de animales feroces y amigables, personajes groseros y amables, ambientes negros y blancos, lugares cotidianos y fantásticos. Que compartíamos el mapa señalado con lugares a los que llegar de la mano, buscando aventuras y creciendo juntos. Pero no estabas. Salí de mi vagón, y te busqué por los pasillos del tren. Pero habías desaparecido. ´"¿Me querrá dar una sorpresa? ¿Me estará buscando también? ¡¿Y si se cayó por la ventana mientras dormía?! ¡Bájeme, señor conductor! Debo encontrarlo". "No, niña, no te está buscando, desapareció por cuenta propia, pero no dejó razón" "Oh, por Dios. ¿Con quién me aventuraré por el mundo? ¿Con quién aprenderé a distinguir a las ballenas y a amarrar a las estrellas para conocer constelaciones? ¿Con quién renaceré al aroma de la hierba y con quién desnudaré mi alma?" Seguí en el vagón. Me prometieron un destino dichoso. Voy atravesando colinas, dejando atrás este pueblo, y me adentro en paisajes desconocidos, pantanos y praderas, valles y colinas, llenos de animales feroces y amigables, personajes groseros y amables, ambientes negros y blancos, lugares cotidianos y fantásticos, pero no estás. ¿Qué es todo si el asiento de al lado está vacío? Guardo una libreta y anoto en ella todo lo que veo. Todos los paisajes que me deslumbran y los aires que rozan mi rostro; estoy acumulando historias, porque una parte de mí me dice que en algún lado alcanzarás el tren en tu caballo, y te aventarás hacia él, y retomaremos juntos la travesía. Quise comerte a cucharaditas, para que nunca te acabaras, pero tú me quisiste comer de un bocado.
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