Se remueven mis entrañas. Como alguien que juguetea con el agua asentada, así siento que alguien ha llegado y con su dedo ha empezado a mover la mezcla heterogénea de mi corazón. No sé dónde quedan todas las partes. Vacío y confusión, y mucho, pero mucho arrepentimiento invaden mi ser, y una tristeza inagotable perturba mis sentidos. Por qué te fuiste, amigo? De por sí ya removías mi agua estancada. Esa sensación que cobardemente ignoré; y por miedo y comodidad, y muchos absurdos paradigmas dejé que se me fueran las veces juntos. No para amarte, ni para odiarte, ni para comerte, sólo para vivirte. Por qué no te viví. Por qué no te viví. De las cinco monedas, cuatro eran de oro. Y las dejé olvidadas. Pero mal por mí. Tú llegaste, viste y venciste. Tus victorias fueron inmediatas. Tus alcances, inauditos. Los males no te alcanzaban, porque no te inmutabas cuando los veías acecharte. Tu voz en mi cabeza tantas veces al día, tantos días. Tuve un héroe al lado mío y no me di cuenta. Si supiéramos los ramales de nuestras decisiones. Si pudiéramos saber las salidas de las entradas. Quisiera saber si alguna vez he escapado de la muerte, y si por estar yo en alguna insignificante parte en el tablero de tu vida, el desenlace de ésta hubiera cambiado. Nunca lo sabré. Sólo sabré lo que me enseñaste en la mansedumbre y genialidad de tu ser, y sabré que no te aproveché como debí hacerlo. Pobre del mundo sin ti. Pobre de mí sin ti. Y vuelvo a la melancolía de saber que somos mortales, y que un momento, un sentimiento o una emoción no aprovechados se magnifican en el día de nuestra muerte. Y también vuelvo a la desdicha de saber que he caído otra vez en el error hacerlo. La vida está tratando de hacérmelo saber: Ponte las pilas porque se te van los chances. Pero ahora sí te pasaste, vida cabrona. Le diste lugar a la maldita muerte para que hiciera su aparición en esta lección. Mi mezcla heterogénea removida y jugueteada, mal necesario en vista de la pasividad de mi ser. Pero qué bárbaro. Te traeré en la mente siempre porque aún en muerte me estás enseñando cosas. Te quise, te quiero y te querré siempre, Amauri. Y espero, amigo mío, que algún día mi mezcla sea un poco más homogénea, como la tuya.