jueves, 8 de enero de 2015

Cucharaditas

Te quise comer a cucharaditas, pero no te dejaste. Quise que como dos gotas diáfanas nos juntáramos en una, pero te escurriste por ahí. Y te acabaste de volón el bocado, y te fuiste por la rendija. Quise llamarte en la oscuridad de la noche y sentir que estábamos en el mismo vagón, atravesando colinas y dejando atrás este pueblo, para adentrarnos en paisajes desconocidos, pantanos y praderas, valles y colinas, llenos de animales feroces y amigables, personajes groseros y amables, ambientes negros y blancos, lugares cotidianos y fantásticos. Que compartíamos el mapa señalado con lugares a los que llegar de la mano, buscando aventuras y creciendo juntos. Pero no estabas. Salí de mi vagón, y te busqué por los pasillos del tren. Pero habías desaparecido. ´"¿Me querrá dar una sorpresa? ¿Me estará buscando también? ¡¿Y si se cayó por la ventana mientras dormía?! ¡Bájeme, señor conductor! Debo encontrarlo". "No, niña, no te está buscando, desapareció por cuenta propia, pero no dejó razón" "Oh, por Dios. ¿Con quién me aventuraré por el mundo? ¿Con quién aprenderé a distinguir a las ballenas y a amarrar a las estrellas para conocer constelaciones? ¿Con quién renaceré al aroma de la hierba y con quién desnudaré mi alma?" Seguí en el vagón. Me prometieron un destino dichoso. Voy atravesando colinas, dejando atrás este pueblo, y me adentro en paisajes desconocidos, pantanos y praderas, valles y colinas, llenos de animales feroces y amigables, personajes groseros y amables, ambientes negros y blancos, lugares cotidianos y fantásticos, pero no estás. ¿Qué es todo si el asiento de al lado está vacío? Guardo una libreta y anoto en ella todo lo que veo. Todos los paisajes que me deslumbran y los aires que rozan mi rostro; estoy acumulando historias, porque una parte de mí me dice que en algún lado alcanzarás el tren en tu caballo, y te aventarás hacia él, y retomaremos juntos la travesía. Quise comerte a cucharaditas, para que nunca te acabaras, pero tú me quisiste comer de un bocado.

Oficina Rosa

Y es así como sé que me hizo falta mi respectiva dosis de maestro Mauro en mi semana. Sé que a mi alma y a mis oídos y a mi voz les hizo falta esa hermosura de esencia y voz y atención que ese ente, en esa oficina rosa, me brinda.


25-oct-14

16 de noviembre

Me llevaron a conocer el universo. Aparecí de repente ante nubes de gas y galaxias sensualmente ordenadas. Entré en agujeros negros y sospeché lo relativo del tiempo. Descubrí la ecuación de la gravedad y me empapé de polvo estelar. Sentí la vida en el aire, en la tierra y en el mar, y en generaciones del pasado. Y descubrí lo que pasa tras bambalinas, y me hice sumisa a las interacciones microscópicas. Y conocí la voracidad de los volcanes, las matemáticas amablemente vestidas de flores y la geométrica fortaleza de las telarañas. La naturaleza pestañeó y morí. Y una estrella me dijo vanidosa que el tiempo que se me dio fue una diezmillonésima parte del que se le dio a ella, y que aún después de colapsar seguirá brillando, mientras generaciones aquí abajo nacen y se mueren. Y, cual ínfimo y miserable trozo de materia, necesité muchas vidas para darle una miradita a lo que es. Los agentes de la electricidad, y las olas de los vientos y de los mares, y todos los fenómenos que humildes cumplen su labor. Y me sentí estúpida e inmensamente ignorante. Y todos los sentimientos ególatras y soberbios llegaron a ser estrujados y echados a la basura. Y no sentí más que la amable y dulce resignación de quien se asume devoto de la búsqueda perpetua. Y entonces di por hecho que el mundo inmediato, el de las sociedades, el de los hombres y sus interacciones es mucho más sencillo... qué equivocación.

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Ser ingeniero industrial es ser todo lo que yo no soy.