sábado, 3 de octubre de 2015
La mariposa y el puercoespín
Había una mariposa que vivía entre las bugambilias. La mariposa sólo salía de noche. Le gustaba la cebada y el metal. Aunque era una mariposa negra, tenía el alma más blanca y el corazón más noble de la pradera. Era el mejor amigo que alguien pudiera tener. Un día, la mariposa se pasó de cebada, y se quedó profundamente dormida. Cuando despertó, desorientada comenzó a andar, preguntando dónde estaba. Sin tener la vista clara, se movía entre las bugambilias esperando recobrar el sentido. Cuando intentó retomar el vuelo para regresar a casa, su ala izquierda tocó una espina y un agudo dolor invadió a la mariposa. Volvió a caer al suelo, y las bugambilias se acercaron a auxiliarlo. Esta vez despertó rápido, pero al abrir los ojos no podía creer lo que veía. Una majestuosa rosa. Embelesado por la belleza de la rosa, se levantó de inmediato, olvidando el dolor, y recordando que "cada rosa tiene su espina". Hermosa pero amargada, la rosa no conocía el amor, y era dura como una roca. Aún así, la negra mariposa hizo todo por su rosa: la alimentó y le dio de beber, le enseñó a sonreír y a sobrevivir en medio de tempestades. La orgullosa rosa, quien más bien olía a manzanilla, comenzó a sonreír de nuevo. El verano terminó, y el otoño trajo vientos muy fríos. Un día, un fuerte viento azotó los prados, y la mariposa voló pronto a proteger a su rosa. Pero el viento era tan fuerte que la azotó contra el tronco de un árbol. Aunque le dolió, el golpe hizo que la espina se saliera de su ala, y el dolor que causaba la espina había desaparecido también. Llena de alegría, la mariposa voló con fuerza para contárselo a su rosa. Pero al llegar a donde debía estar plantada, en medio de las bugambilias, se dio cuenta de que no había ninguna rosa, sólo un feo puercoespín adicto a la manzanilla. La mariposa se dio cuenta de que el dolor la había hecho ver cosas que no eran. Pero el corazón de la mariposa negra era tan grande, que no le importó. Migraría con el puercoespín a un lugar más cálido, mientras pasaba el invierno. Pero el puercoespín no aceptó. En el primer movimiento que hicieran juntos, la mariposa saldría lastimada, porque ésa es la naturaleza de los puercoespines. A pesar de todo, el puercoespín había dejado atrás su amargura y se sentía hermoso, gracias a las palabras y los cuidados que la mariposa le daba. Llegó el tiempo de migrar, y ambos tomaron caminos separados. Pero desde ese día, el feo puercoespín ahora tenía el alma bella como una rosa, y nunca olvidará a la mariposa que lo hizo sentir especial. Por su parte, la mariposa negra voló con sus amigos, y en el camino conoció a una hermosa mariposa Monarca que lo extasió con sus alas y lo hizo feliz por el resto de sus vidas.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario