Voy caminando por la vida, con la batería dándome las últimas, cuando de repente me encuentro una rosa de papel con una invitación adentro. "Te estamos esperando en El país de los Abuelos". Una nave de colores llega por mí y me lleva en cuestión de segundos a ese lugar. Al bajar de la nave, una ola de felicidad me inunda de repente. Qué lugar tan extravagante. Los abuelos que han dejado la tierra se encuentran aquí. Pero aquí no hay límites territoriales ni tiempos, y todos son libres de ser y de hacer lo que quieren, y no hay dolores. Abuelo Chuy?! Eres tú? Justo como te imaginé, algo zafado y lleno de ingenio, y un enorme corazón. Tienes facha de Don Quijote! Un viejo romanticón y soñador. Vamos, abuelo! Vamos a vender tus frutas y verduras por la calle. Yo llevo la carreta y tú gritas "Tomate, chile verde! Naranja dulce y plátano. A siete el kilo de plátano!" Enséñame a hacer cacahuates garapiñados, y helado, y calaveritas miniatura. Estás bien loco, me encanta andar contigo y escucharte decir "Campo?! Será el campo de aviación!" Vamos con la abuela, quiero admirar cómo se pasa horas sentada en el suelo, haciendo sus famosas flores de papel con tanta maestría. Con cuánta gracia y habilidad manejas tus instrumentos y creas belleza con tus manos, abuela. Pero qué hermosa música. Es la banda de mi abuelo Nayo! Qué alegría sentí de repente. Y ese noble señor de ojos verdes que viene tocando el trombón y saca notas de colores a su paso es mi abuelo. Eres hermoso como en las fotos, abuelito. Y mi oído ya se está acostumbrando al amor. Llama a mi abuela Margarita con una canción y cuéntenme juntos historias del pueblo. Margarita, Margarita. Qué preciosa sonrisa ilumina tu rostro, abuelita. Y esa ollota de comida? Tú siempre tan generosa. Quisiera que este día no se acabara nunca, y aprender de ti todo lo que no aprendí mientras pude hacerlo. Sentémonos en la hamaca, y déjame acariciar tu carita y tus ojitos. Se ha armado una fiesta al ritmo de la banda.Pronto se juntan más y más abuelos a convivir; los abuelos de mis abuelos, y sus bisabuelos, y sus tatarabuelos. Cuánto hay por escuchar! Mientras mi abuela Margarita me trenza el cabello y me pone sus listones descubro con la vista la casa de mis abuelos de San Luis. Me acerco, y dentro de la casa todo ha vuelto a la normalidad; ahí están otra vez las figuritas en la vitrina, y los adornitos de metal en el librero, y el estudio con la silla roja y el globo terráqueo. Déjenme olerlos, abuelitos. Traen en su ropa el aroma que está siempre conmigo cuando los recuerdo desde mi tierra. Qué delicioso mole verde, abuela Rosita. Vamos con todos los demás abuelos; llevemos las enchiladas, y las carnitas, y los licuados exóticos de mi abuelo y los tacos de lechuga. Me muero por que me cuentes cómo fue mi papá de chiquito, abuelita, con tu voz ronca y tus palabras llenas de cariño. Abuelo, tengo tantas y tantas preguntas que hacerte! Quisiera meterte en una cajita y llevarte conmigo para que me jales los pelos cuando se me acabe la voluntad. Es momento de partir. Con mucha tristeza pero llena de amor dejo esa tierra extravagante, inverosímil, llena de colores y sabores y olores y sensaciones y sonidos y personas mágicas.
Cuando pienso en mis abuelos siento que debí haber nacido antes, pero también me lleno de magia que me sube las pilas para seguir adelante. Me inspiran fuerza, coraje, voluntad, sacrificio, trabajo, amor y fe. Me gusta pensar que me están viendo, y quiero hacerlos sentir orgullosos. Como dijo el señor Lincoln, "Yo no sé quien fue mi abuelo; me importa mucho más saber quien será su nieto". Espero no decepcionarlos, abuelos. Si llegué tarde a esta vida, buscaré que valga la pena. Gracias por haber sido lo que fueron.