No me has perdonado ser tan imperfecta.
Quisiera saber siquiera la razón.
Analizar tus entrañas, estudiarte y saber los porqués.
Por qué diablos los engranes no amarran.
Por qué las cosas no funcionan.
Por qué todo, aún lo que hago con el corazón, nunca funciona.
Eres mi mapa. Eres un pilar que me da fuerza (aún ahora).
Eres por mucho un ancla que me mantiene derecha.
Pero no puedo pensar como tú.
No quiero ni puedo ser un dibujo en papel albanene sobre el tuyo.
Y tal vez no deba.
Tal vez ni siquiera esperes eso.
Soy una sopa.
Quisiera ser un filete.
La fuerza y la serenidad no te la da la representación de otra persona.
Quiero que seas uno de mis maestros.
Quiero que me des las vitaminas que mi alma necesita para seguir (como sin querer solías hacerlo)
Quiero que me deje de importar lo que el mundo piense y sienta con respecto a mí.
Quiero ser.
Eres agua fresca.
Eres sol de la mañana, que me levanta.
Eres fuerza.
Eres voluntad.
Eres talante en un mundo de conformismo.
Quisiera saber.
Pero aún sabiendo, no me importaría.
Porque cualquier razón que haya no es suficiente para dejar de querer a tu sangre.
Y no te perdono.
No quiero perdonarte que dejes de quererme, hermano.
Porque eso no se perdona.
No hay razones, ni argumentos.
Dejemos que el mundo y sus formas y su gente y sus estúpidos estereotipos vayan a parar a otra casa.
En la mía no hay más razones que el amor.
Y si el amor no es suficiente para perdonarnos y querernos el uno al otro, estamos fregados.
Perdóname por ser tan imperfecta.
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